La etiqueta “distopía” se ha convertido en un chicle pegajoso y muy fácil de estirar. No es extraño que multitud de obras de ciencia ficción sean catalogadas fácilmente como distopía dada la maleabilidad del subgénero. Esto lo ha retroalimentado, convirtiéndolo en una categoría donde abunda el mestizaje y la diversidad, en sus formas y en sus temas. Advertimos desde el principio que algunas de las obras que mencionaremos en este artículo no son obras (al menos en exclusividad) distópicas, pero sí podemos reconocer en ellas ciertos componentes o elementos que nos inducen esa idea.

Resultado de imagen de el imperio de yegorovUna de las novelas originales en español que se mueve en los parámetros de la distopía con altas dosis de crítica social es El imperio de Yegorov (2014). Manuel Moyano combina aquí múltiples formatos de comunicación: Cartas, diarios, artículos periodísticos, transcripciones de interrogatorios policíacos, grabaciones y manifestaciones a través de la red digital para formar el cuerpo de su obra, pero incluso los paratextos, las citas iniciales y los agradecimientos finales forman parte de la intriga que lo envuelve todo. Con unas elipsis muy meditadas y bien ubicadas, exige un lector activo que rellene los huecos entre fragmento y fragmento. Esto mismo es lo que hace que pueda convertirse en una lectura indigesta para aquellos que no acostumbren al ejercicio de la lectura o no suelan enfrentarse a obras de este carácter. Esto hizo que una vez leída, no supiésemos si catalogarla como obra maestra o como ejercicio pretencioso, porque ya vimos cómo ganó el premio Celsius a la mejor novela de ciencia ficción y fantasía en 2015, ¿estaría esa decisión basada simplemente en el criterio del stablishment cultural? Que cada cual juzgue. Pero nosotros debemos defender, por encima de todo, la evidencia de que el interés despertado por la combinación de tantos formatos comunicativos y el juego metaliterario es innegable. Y debemos ser conscientes de que el estilo de Moyano también ayuda. No hace falta consultar su obra para adivinar que ha trabajado la forma breve, porque sus textos además de concisos son muy limpios.

Otra obra española que debemos mencionar en este apartado es Cenital (2012), de Emilio Bueso. Quizás no juegue tanto como en el caso anterior con la heterogeneidad de formatos, pero las partes de esta novela que fingen estar siendo extraídas de un blog de internet representan un buen contrapunto respecto a la narración tradicional que conocemos. Cuando hablamos de Emilio Bueso es posible que estemos hablando del rey del terror actual en habla hispana porque además de contar con una producción que comienza a plantearse extensa teniendo en cuenta su (todavía) corta edad, tiene el mérito de saber incluir formatos actuales para narrar sus historias. En Cenital nos encontramos con una organización fraccionada en cuatro tipos de capítulos: las entradas en el blog del protagonista –las más interesantes–, las citas de libros, artículos o canciones, las historias de los protagonistas de esta novela coral y los capítulos que hacen referencia a la historia que se está desarrollando en sus páginas. Como ya hemos dicho, las entradas de blog de Destral son las más sugestivas, pues aportan ese elemento efectista y personal que tanto necesita el terror para provocar en nosotros la inquietud y el desasosiego.

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The Blair Witch Project, una de esas películas que se acerca al monstruo en primera persona

Pero si hablamos de combinación de formatos una de las últimas novelas más efectivas y sorprendentes nos llegó de la mano del estadounidense Mark Danielewski. En La casa de hojas (2000), hablar de una estructura y un ejercicio de maquetación mastodóntico es simplificar demasiado un ejercicio literario llamado a convertirse en uno de los grandes clásicos del terror en las próximas décadas. La trama gira en torno a un enigmático documental llamado El expediente Navidson. Un documental que comparte espíritu con esos filmes de los 90 en los que los protagonistas se acercan al monstruo con una cámara en mano. Solo que el monstruo no es una criatura, ni un ser vivo salido de una dimensión desconocida, sino una casa, una casa que mide más por dentro que por fuera. Un hogar en el que reina un caos que se traslada a las palabras. Desde ese momento asistimos a un brillante proceso de espesamiento en el que la trama se va enturbiando, accediendo a pasadizos oscuros y recónditos de la imaginación a través de fotografías de cartas reales, textos en espiral o páginas en las que solo se escriben tres palabras. Danielewski nos ha regalado una construcción arquitectónica potentísima, que soporta incontables referencias, testimonios y entrevistas. Porque no solo es una singular historia de terror. Este libro aún no ha cumplido veinte años y ya ha generado una cantidad ingentes de ensayos y disertaciones sobre sus múltiples interpretaciones.

Si elevamos a la siguiente potencia los nuevos formatos para contar una distopía, no podemos olvidar uno de sus medios más provechosos y eficaces, sobre todo en el mundo anglosajón: el cómic. Aunque el cómic suele ser distópico por naturaleza dado su carácter generalmente pseudofuturista, sí que podemos dos casos particulares en los que se hace más palpable la introducción de ese elemento tecnológico que escapa a nuestra experiencia. Por ejemplo, Transmetropolitan (1997), de Warren Ellis, es un cómic cyberpunk que relata una serie de aventuras protagonizadas por Spider Jerusalem, periodista gonzo del futuro (homenajeando a Hunter S. Thompson, fundador del movimiento). La visión del mundo de este periodista es lo marca el ritmo de la obra. Amparado en un lenguaje malsonante y a través de violencia verbal y física, refleja la opinión de Ellis sobre asuntos como la religión, la política, la televisión, la publicidad, la discriminación y la intolerancia. También tienen su parcela de atención la deshumanización, el poder y, por ende, toda su visión del mundo y la sociedad actual. Spider Jersualem es más un intelectual público y un columnista que un periodista de buena fe. ¿Qué es un periodista? ¿cuál es su papel en la sociedad? ¿Cuáles son los desafíos que enfrentan diariamente? El lado más transgresor de Ellis es capaz de contártelo sin pelos en la lengua.

Como aquí nos gusta también barrer para casa, también hablaremos de un caso muy español de cómic distópico exitoso. Según la crítica especializada estadounidense, una de las revelaciones del cómic del año 2013 fue de factoría (casi) española. Así, The Private Eye (2013), cómic de ilustración española –Marcos Martín y Montsa Vicente– y guion norteamericano –Brian Vaughan– que se puede descargar gratuitamente en la red (o haciendo una oferta libre), se ha convertido en uno de los últimos referentes distópicos en lo que a materia gráfica se refiere. La trama de The private eye (o El ojo privado) se desarrolla en el año 2076 en Estados Unidos, donde todo y todos son espiados después de lo que llaman “la lluvia de datos”, un fenómeno que hizo saltar por los aires internet. Un indiscreto paparazzo y un detective privado al margen de la ley son los protagonistas de este mundo de ciencia ficción que unos pocos meses después de su primer capítulo se convertiría en realidad con las revelaciones de John Snowden sobre la NSA, dándole un empujón mediático que se materializó en éxito de crítica gracias a su buen trabajo. Esto además ayudó a romper su sector de mercado y abrirse a otro tipo de público: empezó a ser consumido incluso por profesores de universidad. Y hablando de profesores de universidad, ¿sabes que también ellos se han convertido en protagonistas de alguna que otra historia distópica?

Es innegable que la especulación lingüística se ha erigido en todo un campo autónomo dentro del campo de la ciencia ficción observando la trayectoria de esa parte del género que ha explotado las relaciones entre lenguaje y pensamiento (la hipótesis de Sapir-Whorf) y la formación lingüística que tenían algunos de esos autores. Se han ganado, con todo mérito, pedestales relevantes en la construcción de la ficción fantástica como género autónomo y serio novelas como Babel-17 de Samuel Delany o Embassytown, de China Miéville. Y aunque el tema no se ha convertido en una preocupación perceptible en el género durante nuestro siglo, sí que podemos subrayar algunos casos de relatos breves que sí han demostrado una preocupación lingüística evidente. Casos como el de La historia de tu vida, de Ted Chiang (1967) nos lo demuestran.

Adaptación cinematográfica del relato            La historia de tu vida

La especialista en lingüística y profesora de universidad Louisa Bank es reclutada por el ejército para ayudar a comunicarse con los extraterrestres, después de que doce naves aterricen en varios lugares alrededor del mundo. El doctor Gary Donnelly, físico teórico, será su compañero. A medida que Louisa aprende el lenguaje de los alienígenas, se acerca un paso más para entender la naturaleza misma del heptápodo (los extraterrestres) y abre su mente a un sistema cultural completamente diferente. La importancia del lenguaje se puede pasar por alto a menudo, pero la belleza de esta historia es su sugerencia de que el multilingüismo aumenta nuestra empatía, cultiva el pensamiento flexible y rompe nuestra perspectiva única del mundo. Y su adaptación cinematográfica, que por fin pone a una lingüista como protagonista, es una joya imperdible de la ciencia ficción audiovisual contemporánea.

Un buen relato distópico que explora las dimensiones comunicativas de la distopía es TECHT (2014) que aparece en la antología Alucinadas I. Este relato de Sofía Rhei, es una distopía semiótica con pinceladas de un cyberpunk. El desarrollo lingüístico parece habernos conducido a la aparición de una versión sucinta del lenguaje y esto implica unas consecuencias culturales y sociales. Este nuevo lenguaje dificulta la expresión de ideas complejas, pero Ludwig, que es un realizador de películas, tiene que usar el lenguaje anterior para que su máquina diseñe una buena película. El relato se convierte en una reflexión sobre la pérdida de la comunicación compleja a través de la simplificación de la lengua, ¿un futuro que no es muy lejano?

Pero queremos concluir esta serie de artículos con un vistazo al pasado un poco más remoto. Hace un poco más de medio siglo la ley “Fraga” silenciaba la producción literaria de nuestro país. GU TA GUTARRAK (NOSOTROS Y LOS NUESTROS) [1970] es uno de esos relatos de buena factura, de hecho, es posible que se encuentre por encima de buena parte de la producción nacional actual, a pesar del paso de los años. De esto nos podemos dar cuenta rápidamente si tenemos una visión panorámica de lo que acontecía aquellos años. A través de un planteamiento que liga la emigración vasca a América y las bombas de Palomares, Mouján Otaño proyecta una divertidísima sátira sobre obsesiones con nacionalismos, con Dios y con los fueros. La historia acaba resultando ser un viaje temporal, en busca de los orígenes raciales de la raza euskérica, y las consecuencias de ese desmadre son descacharrantes.

Censurado por la Ley de prensa e imprenta que Manuel Fraga culminó en 1966, quizás sea el mejor representante distópico del amor que la escritora nacida en Buenos Aires siempre profesó hacia el País Vasco, donde se hundían sus raíces familiares. Podemos encontrar la génesis de Gu ta gutarrak en un poema de su abuelo, Pedro Mari Otaño, escrito en 1899, en el que se inspira y al que pretende dar respuesta. En particular son estos versos:

Zer da Euskera, nor da euskaldunak,

zeiñ, ta nongotarrak dira?

Galdezka daude atzerritarrak

alde ontarra begira

mundu gustyan bere berdiñik.

[El euskera, ¿qué es?

los baskos, ¿qué son?

¿quiénes? ¿de dónde vinieron?

pregunta el extranjero

mirando aquel rincón.]

Imagen relacionadaLa aparición de este cuento en el volumen número 14 de Nueva Dimensión (una de las más importantes revistas de ciencia ficción española de cuantas se han publicado) provocó su denuncia y su posterior incautación “por atentar contra la unidad de España”. Bajo la alargada sombra de la ‘Ley Fraga’, la censura previa del franquismo se había sustituido por una coerción más sutil y silenciosa, en forma de requisición legislativa que podía provocar pérdidas lo suficiente groseras como para conducir a cualquier publicación a la quiebra. El cuento, que iba a publicarse en 1970 en un principio, no vio la luz hasta siete años después, en 1977, después del fallecimiento de Francisco Franco.

Concluimos aquí este repaso general a la naturaleza distópica, advirtiendo que las obras aquí reseñados no pretenden ser una guía básica para introducirse en el género, sino una visión personal y autónoma del autor de sus artículos, que vive inmerso en una cruzada quijotesca para defender la suficiente y el rigor de la ciencia ficción española en todos sus ámbitos a pesar de los kilos de bilis y espumarajo liberados por muchos profesores universitarios que todavía niegan la mayor.

 

One Reply to “Distopía (III): Formatos, cómic, lenguaje y censura

  1. Guau, no podría estar más de acuerdo en la exposición final. Pienso igual; la educación «formal» y «reglada» nos lleva más a «Another brick in the Wall» que a otro sitio… O la cultura a lo «igual» e «ideal» a «Gattaca».
    En cuanto a los títulos y obras que has mencionado tengo que inclinarme ante los vastos conocimientos del autor de estos tres artículos que me han gustado muchísimo, y no es un «peloteo» hacia el mismo, sino un sincero reconocimiento de su saber.
    Tomo nota de más de un titulo y, sólo, recomendar uno más: «Los Invisibles» de Grant Morrison, que si bien no encajan tanto en el marco de distopias si reflejan hacía donde se encamina nuestra sociedad.
    Menos mal que aún quedan…»Cruzados Quijotescos».

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